¡Otero irrespetó al equipo!
Al matemático Otero no le salieron las cuentas. De pronto no se dio nunca cuenta de que sumar experiencia no es lo mismo que sumar calidad; creo que a alguien se le olvidó enseñarle que en una ecuación algebraica nunca se suman peras con manzanas. Es decir, no se pueden tener en un equipo de jugadores y ex jugadores.
La obsesión de Otero con los ex jugadores no es de ahora, ya la padecimos durante todo el semestre pasado cuando tuvimos que aguantar al “Palmira” más de un partido, esperando a ver, si de pronto, se convertía en una promesa a futuro. Claro, la cosa se volvió endémica cuando vimos, con impotencia, llegar los nuevos refuerzos: Bedoya, Carreño y Galván.
El caso de Bedoya es particular, es esa clase de jugadores que nunca se debió tener en cuenta, no sólo por su fama en la cancha, sino por sus antecedentes en contra del equipo. Carreño, por su parte, es uno de esos extranjeros que ni le suman ni le quitan a ningún equipo, un jugador intrascendente que pasa por la vida sin pena ni gloria, un jugador de esos que no se identifica con la garra santafereña. El caso de Galván es un poco distinto. Se sabe que Galván es un trabajador incansable, que ha dedicado su vida a dar lo mejor de sí en la cancha, pero desgraciadamente para nosotros, llegó demasiado tarde al equipo: hace unos dos años que su nivel es paupérrimo; por la gloria del goleador histórico del fútbol colombiano, debería pensar en el retiro o en darse un paseo por un equipo de la B, seguro que allá puede tender una mano amiga.
Lo que creíamos malo a principio de año, se convirtió en una pesadilla de dimensiones dantescas. Con sorpresa vimos como Otero ¡irrespetó al equipo! Y es que para cualquier plantel es una falta de respeto que un jugador que no lleva ni siquiera una semana en los entrenamientos comience como inicialista. ¿Cuál fue el mensaje del matemático en ese momento? Fue un mensaje simple y contundente: los jugadores con los que trabajé toda la pretemporada no sirven para nada. Todos sabemos que Mario Gómez siempre se ha entregado de alma y corazón en cada partido que ha tenido la oportunidad de actuar, sabemos que su nivel no es el mejor desde la lesión, es apenas obvio si no se le han dado oportunidades: oportunidad que se le negó este semestre por poner por encima jugadores con un presente dudoso, caso de Carreño. ¡Si Mario hubiera salido en los medios a quejarse, yo hubiera sido el primero en unírmele y en proponerle un plantón en la plaza de Bolívar! Y el de Mario no fue el único caso. Los jugadores que estuvieron todo la pretemporada con el equipo fueron tratados de igual manera.
Ahora que recuerdo a Bolívar, parece que la independencia de Santa Fe se encuentra cada vez más lejos: nos cayó la oscura noche septembrina. ¿Para qué sumarle a la crisis deportiva e institucional a Arturo Boyacá? Yo sé que vendrán los que dirán: “deje trabajar antes de criticar”. Pero es que uno debe trabajar en lo que uno sabe hacer, y no se contrata al maestro de obra como ingeniero. Boyacá no es la solución y eso lo saben los directivos, lo saben los hinchas y, sobre todo, lo saben los jugadores. Con jugadores como Bedoya en el equipo, se necesita de un hombre que infunda respeto, pero ¿qué respeto puede infundir un asistente técnico que cuando estuvo al mando del equipo no dejó más que malos resultados? Está bien que Santa Fe sea un equipo de fútbol, pero una empresa no se maneja a las patadas. No entiendo cómo alguien cree que con el sólo hecho de cambiar de puesto al ayudante de la buseta, ésta va a dejar de estrellarse. Boyacá no es el hombre, Boyacá es la excusa que se inventó alguien para justificar su falta de gestión.

Pero entre todo lo malo, yo sí creo que aún tenemos salvación. Por un lado una parte importante de la hinchada está proponiendo juntar ideas para rodear el club y trabajar por éste hasta sacarlo de la debacle. Por otra parte, están los jugadores de las inferiores: llenos de hambre y deseos de triunfar. En los últimos años han pasado por la institución jugadores que prometen y que terminan desaparecidos entre los malos manejos de los directores técnicos, no olvidemos el caso de Osneider Álvarez, infamemente desaparecido por el proyecto de técnico “Bolillo” Gómez. Si tenemos en cuenta que se ha demostrado que cuando a los jugadores se les da confianza se afianzan en sus posiciones y pueden llegar a ser grandes alternativas en su posición, casos como los de Noguera y Otálvaro no son indiferentes para nosotros, en Santa Fe tenemos la materia prima para lograrlo de nuevo.
Lo cierto es que a Otero no le salieron los cálculos y, de suma en suma, se le confundieron las incógnitas. Si fueran ciertos los rumores de que se le paró el equipo, cosa que no creo, él sería el responsable directo, puesto que uno no puede irrespetar el trabajo y pasar por encima del esfuerzo de la gente. Desde niño a mí siempre me han dicho que no sólo se trata de mandar, se trata de saber mandar. Y, cuando uno basa su trabajo en el respeto a los demás, tiene muy cerca la gloria. Esperemos qué nos depara el futuro, pero, por sobre todo, apoyemos las iniciativas que nos permitan ayudar a salvar el equipo de la Hecatombe. Al final de cuentas: ¡Todos somos Santa Fe!
Francisco José Restrepo Jr.
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