Bueno muchachos: ¡todos a buscar la estrella!
El reciente doblete disputado en Medellín con marcadores similares -pero opuestos- dejó claramente destapadas algunas verdades que posiblemente la velocidad de las fechas y la multiplicidad de ocupaciones nos habían ocultado tanto a nosotros los hinchas, que vemos los juegos desde la tribuna o frente el televisor, como a los directivos, periodistas, cuerpo técnico y demás integrantes de nuestro querido Independiente Santa Fe. La mayor de ellas, desde mi humilde punto de vista, es que el equipo sí puede jugar bien.
Sin duda alguna, este conjunto de jugadores ya bien conocidos por la gente en general y por ellos mismos, demostró nuevamente como pocas veces lo ha hecho en los meses recientes, que sabe y puede jugar bien. Que el cuadro albirrojo 2009 se encuentra en capacidad incuestionable de practicar un juego efectivo, ordenado, equilibrado y triunfador. El primer choque ante el Atlético Nacional fue uno de esos agradables episodios que ningún santafereño desea olvidar, y la victoria justa quedó en nuestras manos para felicidad de toda la familia cardenal. Tres días después, la noche del 28 de Octubre volvimos a enfrentar a los verdes antioqueños y las ligeras fallas que en el Expreso Rojo alcanzamos a observar el Domingo anterior, se hicieron entonces desafortunadamente mayores ocasionando una derrota inmerecida e inesperada al final del compromiso, que paralizó y congela por ahora nuestra feliz sonrisa y que crea un clima de tensa expectativa para los dos siguientes compromisos que en estos inmediatos cinco días debemos cumplir.
Para mí, todos los muchachos que visten la casaca albirroja merecen total respeto, pleno respaldo, amplia confianza y los mejores deseos aparte de gratitud y simpatía. Lamentablemente, con esas gracias no basta para ser campeón. Por ello mismo, considero sano manifestar mi desconcierto con la intermitencia de varios de ellos y, en particular, de uno muy publicitado:me refiero al argentino Omar Pérez.
Hace ratico, desde el clásico en que ganamos 4-2 a Millonarios, le veo en un 70 o 65 por ciento de su rendimiento. No es el efectivo cobrador de tiros libres anhelado por todos los equipos e hinchas, ni es el volante de creación contundente que deja regados a uno, dos o tres rivales colocando luego la esférica o bien en el fondo de la red o bien al alcance de un compañero para que este simplemente culmine con éxito su propuesta de gol.
No. Omar Pérez normalmente recibe la esférica y la devuelve de inmediato. O intenta una gambeta sin éxito y termina pasándola mal. Y cuando ejecuta un tiro libre, o la refunde entre la montonera que espera su llegada o la despacha hacia la nada intrascendentemente. Muy poca, si no nula, efectividad. Espero, como aguardamos todos quienes sabemos de su calidad, que recupere su nivel y se llene de logros para satisfacción suya y de este querido Santa Fe.
Las otras tres fallas, aparte del ya ampliamente descubierto Arizala, son Daniel Néculman que parece haberse propuesto de todo corazón no lastimar arqueros, Andres Felipe González, que está decidido a hacer todo lo contrario y Agustín Julio que lleva rato parándose mal, saliendo mal y reaccionando mal. Si volviésemos a ver el juego Nacional-Santa Fe que por la Copa Colombia terminó 2-1 estas afirmaciones no necesitarían subrayarse y podrían servirnos para corregir errores infantiles, prevenir derrotas tontas y mejorar notablemente en todas las líneas y posibilidades.
Hago todos los votos del mundo porque Germán González tenga ya estos detalles en su agenda de trabajo y aplique los ajustes necesarios, pues de ahora en adelante tanto en la Copa Mustang como en la Colombia es prohibido perder. Condiciones para salir adelante hay. Jugadores para hacerlo tenemos.
Hinchas que respalden el esfuerzo de directivos, técnicos y equipo, ni se diga... Las ganas, entonces, y la estrella misma deben salir de González y sus pupilos que deben superar con sus propias virtudes, voluntad y deseos de grandeza los diferentes tropiezos que hasta ahora tuvimos y los que de acá al final pueden presentarse. En ello ha radicado invariablemente la virtud de todos los campeones: que pasaron, pasan y pasarán siempre por encima de dificultades, contrariedades y limitaciones venciendo rivales de toda clase y condición, y manteniendo enarbolada en alto, majestuosa y firmemente su voluntad campeonil, de forma tal que ilumine y guíe su camino para que concluyan feliz y positivamente en el alto inaccesible al que sólo llegan los grandes y valientes.
¡¡Adelante Santa Fe!!
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