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¡¡Campeón!!
¡¡Campeón!!
No podía ser de otra manera. Tenía que ser así. Sufriendo. Santa Fe nos tiene acostumbrados a eso y el día en el que el sueño se convirtiera en realidad no podía ser la excepción. Con el tradicional gol de último minuto y con el corazón en las manos en los cobros desde el punto penal, Independiente Santa Fe se coronó campeón de la Copa Colombia y acabó con una sequía de 33 años sin obtener un título.
Una noche inolvidable. Pero no una noche más. Fue la noche en la que el “expreso rojo” volvió a ganar un campeonato. Fue la noche en la que una generación volvió a ver campeón a su equipo y en la que otra vio por primera vez, y sintió por primera vez, qué significaba dar la vuelta olímpica. Un hecho inigualable, una sensación inexplicable. Ya no es más una ilusión, ya no es más el “esta vez sí”; ahora es una realidad, ahora es un “esta vez sí fue”. Somos campeones.
Y somos campeones al estilo Santa Fe. Con garra, con corazón. Con identidad. Porque Germán González le devolvió la identidad a este equipo. En el 2005, alcanzó el subcampeonato y hoy logra el título de la Copa Colombia y tiene opciones de hacer el doblete con la Copa Mustang. Calló a sus críticos a punta de resultados. A punta de victorias. Los calló con un campeonato.
Pero el camino no fue fácil. Había que sufrir. El conjunto “cardenal” no se ablandó y, a pesar de todas las dificultades con las que se encontró, logró darle la vuelta a un marcador adverso y forzar los penales. Terminó jugando con 9 hombres, regalado en la defensa y, sin embargo, celebró en El Campín. El primer tiempo no fue bueno, pues Santa Fe fue impreciso y errático. Tuvo el balón, pero no pudo definir en la portería del Deportivo Pasto, que fue un buen rival.
El equipo albi-rojo tocó la pelota y buscó espacios, en medio de la muralla defensiva de los nariñenses. Las faltas interrumpieron mucho el encuentro y Francisco Peñuela no fue un árbitro digno de una final. El conjunto de Jorge Luis Bernal vino a Bogotá a hacer su partido, bien parado en la parte de atrás y generando cierto peligro cuando pasaba al ataque. Santa Fe no fue claro y le costó encontrar los caminos que lo acercaran al arco de Julián Mesa.
El ataque del rojo capitalino se vio perjudicado con la mala entrega de algunos de sus jugadores, como Maximiliano Flotta y Cristian Nazarith. Además, en la zona de atrás a los albi-rojos los cogían mal parados y le daban los espacios a los pastusos para que generaran riesgo.
Santa Fe no jugaba bien y, en el final del primer tiempo, se le oscureció la noche. Al minuto 44, Hugo Pablo Centurión sacó un remate fortísimo que tapó Agustín Julio, no obstante, el arquero cartagtenero dio un rebote que definió Castro y que aumentó la ventaja para el Pasto. Ahora, los bogotanos tenían que meter tres goles para ganar el título. El objetivo no se veía imposible, pues el equipo ha demostrado que sabe jugar bien al fútbol. Sin embargo, el panorama se complicó cuando el chileno Julio Gutiérrez se hizo expulsar irresponsablemente. ¿Sería posible darle la vuelta al marcador con 10 hombres? En el fondo de los corazones “cardenales”, la respuesta era que sí, porque este equipo ya lo había hecho con anterioridad, con el claro amor que le tienen a la camiseta.
Un sueño hecho realidad
Y al final así fue. Santa Fe salió como un león a la cancha a buscar el resultado. “Basílico” sabía que tenía que arriesgar y así lo hizo: sacó a Nazarith y a Flotta, e ingresó a Mario Gómez y a Omar Pérez. El conjunto albi-rojo fue un verdadero expreso, que salió a atropellar a su rival, que salió a buscar los goles que le dieran un título después de tres décadas. El rojo capitalino se apoderó del balón y el argentino Pérez le dio más claridad al ataque del equipo.
Los jugadores abrieron la cancha y, al minuto 54, el volante 10 santafereño empató el compromiso. El marcador global estaba 3-2. Con corazón y garra el equipo estaba demostrando que el empate era posible. El panorama volvió a aclararse cuando, al minuto 63, Luis Lora completó su segunda tarjeta amarilla y equilibraba el número de jugadores en la cancha. Faltaba un gol para igualar la final y ambos equipos volvían a tener 10 hombres.
Ahora, más que nunca, era posible. Santa Fe siguió siendo el dueño del balón y el Pasto se resguardó en su terreno, contragolpeando y aprovechando los espacios que, obligados, tenían los albi-rojos en la parte de atrás. Un partido lleno de vértigo, en el que una jugada podía definir todo. Los hinchas santafereños, que llenaron El Campín, tenían el corazón en la mano y suplicaban porque la anotación llegara.
No obstante, en medio de la montaña rusa de emociones en la que se convirtió el encuentro, Ricardo Villarraga vio la roja directa al minuto 72. El “expreso rojo” volvía a tener un hombre de menos, pero fue en ese momento cuando volvió a salir la pasión de los jugadores “cardenales”. Había que empatar a como fuera lugar, a pesar de las ventajas que se dieran en la defensa. El objetivo era el gol.
Los minutos corrían y el final se acercaba. Santa Fe lo intentaba, pero no podía. Llegaba, pero no definía. Una anotación iba a forzar los penales. Y al final, lo esperado llegó. Al minuto 88, Peñuela decretó penal a favor de los bogotanos. Omar Pérez se encargó de anotarlo, de empatar la final y de llevar a los equipos a los penales. El estadio estalló de alegría y, en medio de los nervios, los hinchas empezaron a soñar con el título.
¡Campeón!
Y es que había que sufrir. La historia dictaba que tenía que ser así. Pareciera que los penales, que los goles de último minuto, que tener atragantado el grito de gol en la garganta ya son parte de Santa Fe. Había que sufrir. Había que esperar un poco más. Después de haber esperado tres décadas, había que aguantar las lágrimas y la emoción unos minutos más. Tuvieron que cobrarse 16 penales. Con todos los nervios que significa ver uno sólo, la hinchada estuvo al borde del infarto.
Pero llegó el momento. Llegó el sueño que siempre había estado en nuestras cabezas. Llegó la oportunidad de gritar campeón. De ver al equipo dando la vuelta olímpica en un Campín repleto de hinchas albi-rojos. Ya no había que esperar más: Julio atajó el cobro de Óscar Altamirano y, una emoción contenida durante 33 años, estalló en el estadio de la 57. Era realidad. Es realidad. Santa Fe ganó un título. Ya no hay que esperar más. Ya podemos decir “yo vi a mi equipo campeón”. Esta vez sí fue.
Bogotá está de fiesta. Santa Fe es campeón.
Los penales
Los 16 cobros desde el punto penal, fueron así:
- Carlos Valdés cobra para Santa Fe y tapa Mesa (0-0).
- Hugo Centurión cobra para Pasto y tapa Julio (0-0).
- Juan C. Quintero cobra para Santa Fe y marca gol (1-0).
- Ormedis Madera cobra para Pasto y marca gol (1-1).
- Mario González cobra para Santa Fe y lo bota (1-1).
- Ómar Rodríguez cobra para Pasto y marca gol (1-2).
- Ómar Pérez cobra para Santa Fe y marca gol (2-2).
- Andrés Mosquera cobra para Pasto y lo bota (2-2).
- Yulián Anchico cobra para Santa Fe y tapa Mesa (2-2).
- Germán Centurión cobra para Pasto y tapa Julio (2-2).
- Luis M. Seijas cobra para Santa Fe y marca gol (3-2).
- Ferley Villamil cobra para Pasto y marca gol (3-3).
- Andrés González cobra para Santa Fe y marca gol (4-3).
- Julián Mesa cobra para Pasto y marca gol (4-4).
- Mario Gómez cobra para Santa Fe y marca gol (5-4).
- Óscar Altamirano cobra para Pasto y tapa Julio (5-4).
Deportivo Pasto (1): Julián Mesa; Gilberto García, Andrés Mosquera, Germán Centurión, Luis Lora; René Rosero (Altamirano), Walden Vargas, Ómar Rodríguez, Ferley Villamil (Castro), Hugo Centurión; Jimmy Asprilla (Madera).
Goles: 0-1 (min. 44): gol de Castro; 1-1 (min. 54): empata Pérez. 2-1 (min. 88): Omar Pérez fuerza los penales.
Arbitro: Francisco Peñuela
Estadio: Nemesio Camacho El Campín.
Incidencias: Final de la Copa Colombia. Santa Fe es campeón.



