Viernes, Julio 30, 2010
   
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El técnico que jamás olvidaré

Francisco DelgadoEn mi primer texto les conté lo que sentí cuando le marqué gol a Óscar Córdoba en un clásico. Recibí muchos mensajes, pidiéndome más anécdotas, que les contara historias de entrenamientos, de técnicos y me acordé del profe “Pecoso” Castro, un entrenador muy especial.

En el fútbol se conocen personajes que lo marcan a uno en la vida, ya sea por su profesionalismo, su manera de ver las cosas, lo divertidos que son dentro y fuera de la cancha… en fin, conoces gente de todas partes del país y del mundo, pero alguien que dejó huella fue Fernando “Pecoso” Castro.

No lo olvidaré porque piensa en fútbol durante las 24 horas del día y por esa manera de descargar adrenalina cuando dirige a un equipo. Él, como todos los técnicos que he tenido en mi carrera, merece todo mi respeto, pero a diferencia de otros entrenadores “Pecoso” me dio la oportunidad de ser titular en Santa Fe cuando empecé mi carrera como futbolista profesional. Además tiene una manera de ser muy especial, es un director técnico de mal genio, temperamental, pero con ese estilo casi siempre ha obtenido buenos resultados.

La anécdota que les voy a contar nunca la olvidaré. Eran tiempos difíciles en el aspecto económico y el “Pecoso”, en un día normal de entrenamiento, cambió la rutina. Tremenda sorpresa nos llevamos cuando le dijo a los utileros que armara un ring de boxeo. Recuerdo que todos nos miramos con asombro: “este man está loco”, decíamos. Al “Pecoso” no le importaba nada y seguía con su idea. Todo fue muy chistoso.

Ese día dejamos de ser futbolistas para convertirnos en boxeadores. Todos participamos en las peleas que no eran suaves, peleábamos con todo. Cada uno escogía con quien boxear. El “Pecoso” tenía en su carro unos guantes y las máscaras. Sabía que en algún momento iba a suceder. Fue un día inolvidable porque todos buscaron su contrincante y ese fue nuestro entrenamiento. Lo más chistoso ocurrió cuando “Pecoso” también buscó con quien pelear, llevándose una dolorosa sorpresa.

Escogió al más joven, al más flaquito y se puso a pelear con él. Creo que él pensaba salir bien librado con el flaquito, pero no fue así. Le dieron, como se dice en la costa atlántica, una muñequera muy brava. Todos nos reímos del “Pecoso”. Él se veía ganador y ese flaquito casi lo desbarata. Le tocó salir del ring muy golpeado, hasta le pidió ayuda al médico. Sin duda fue un día inolvidable y desde entonces cada vez que ocurría algo raro en los entrenamientos molestábamos diciendo que armaran el ring de boxeo.

* Adaptación periodística: Jeison Cifuentes Pérez

Futbolete

Texto reproducidopor gentileza de Futbolete.com
El técnico que jamás olvidaré


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