#MuchasgraciasSantaFe
Había cierta sensación de que esta vez sí iba a ser, pero el pasado nos impedía a asegurarlo, quizás sabiendo que la historia había sido caprichosa con nosotros y nos lo había impedido hace poco tiempo.
Escudados por la humildad que caracterizó al equipo, por ese “paso a paso” que nos tenía en el último escalón, tratábamos de esperar a que fuera realidad para poder decirlo. Durante muchos años, recorrimos un camino con más derrotas que triunfos pero con la satisfacción de saber que en algún momento, pese a las caídas, nos levantaríamos definitivamente y llegaríamos a nuestra meta.
Y fue en el minuto 70 cuando ocurrió. Omar Pérez, ese mago argentino que alumbrará nuestra historia, se detuvo en el medio campo y de su pierna derecha sacó una curva perfecta, que por unos segundos tocó brevemente el cielo, allá cerca de la gloria. Luego fue cayendo hasta encontrarse con la cabeza de Copete, quien empujado por la ilusión de miles y miles de personas decidió hacer encontrar el balón con la red, detener por una fracción de segundo nuestras vidas y liquidar por un momento nuestras tristezas.
Fue un gol increíble, porque contenía la certeza de que seríamos campeones. No importaba que faltaran 20 minutos para que terminara el partido, ni que al frente de los nuestros hubiera otros 11 jugadores dispuestos a darlo todo por arrebatarnos nuestro sueño. La estrella todavía no estaba en nuestras manos y aun así ya lo sabíamos: seríamos campeones. Arrogancia dirán aquellos que no conocen de este sentimiento y no son capaces de comprender que un solo gol era suficiente para resolver una pregunta sin respuesta.
Es difícil tratar de explicar cómo una pelota es capaz de hacerlo y, entonces, fue el momento en que la única solución fueron las lágrimas anticipadas, el atisbo de una alegría infinita que llegaría pronto. El gol más importante. El grito más profundo. La alegría más grande. El abrazo más sincero. Esas tardes en El Campín viendo jugar a Santa Fe eliminado ante cualquier equipo que ni se acercaba a su grandeza carecían de sentido. Ni las derrotas, ni las humillaciones, ni los momentos más oscuros importaban ahora, porque la imagen más soñada estaba a pocos minutos de dibujarse frente a nuestros ojos.
Es imposible que aquellos que amen realmente al fútbol sean egoístas, pues cada celebración es tan sincera que es difícil no compartirla con el de al lado. No importa si es alguien conocido o no, pero el gol es una alegría tan grande que desborda a cualquier persona y lo obliga a compartirla. Sin embargo, aquel retrato muchas veces lo imaginábamos en secreto, preguntándonos cómo sería, cómo nos sentiríamos, cuándo llegaría. Era nuestro sueño más íntimo, pero a la vez el más compartido.
Y aquel 15 de julio se convirtió en realidad. Pasó de ser una cadena de imágenes que se formaban en nuestra cabeza para verlas, sí, ocurriendo de verdad en frente de nuestros ojos. Es hermoso sentir cómo ese sueño con el que muchas veces nos acostamos lo estábamos viviendo. Rodeado de miles de personas que pintaban por completo El Campín de rojo y blanco, pero de frente, en solitario, con nuestra ilusión más grande.
¡Qué alegría! La copa, las lágrimas, los abrazos, la vuelta olímpica, la canción de Queen de fondo, por fin, por fin, estaban en nuestras manos. El prólogo escrito durante los últimos treinta años no tenía ningún valor, en comparación con la grandeza de un campeonato que escribía con letras doradas el epílogo más grande de nuestras vidas. El fin de un camino tortuoso que había sido cruel con nosotros y había amagado con darnos en el pasado nuestro sueño, pero que ahora nos conducía a una explosión de felicidad.
Llegarán la octava, la novena, la décima… pero esta estrella será la más especial. Fue la materialización de la ilusión más grande de generaciones enteras. Siete veces grandes. Siete veces gracias. Porque si hay algo que permite conocer la alegría más pura es el fútbol, pero si hay algo que permite sentirla de verdad es Santa Fe.
Siete letras que no alcanzan a sintetizar el sentimiento por el júbilo de aquel 15 de julio, pero es la única palabra que creemos capaces de decir. Gracias. Gracias por darnos el honor de formar parte de nuestra historia. Gracias por darnos la oportunidad de vivir nuestros sueños. Gracias, Santa Fe, por permitirnos ser felices.
#MuchasgraciasSantaFe.
Carlos Rodríguez
Twitter: @carlos1691


