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Miércoles, Mayo 22, 2013
   
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Sueño rojo que paso a paso se cumplió

Omar perezRecuerdo casi con una claridad extrema cada partido durante todos estos años de anhelo por ver a Santa Fe campeón, cada momento vivido, cada lamento, cada aliento. Ha pasado mucho tiempo. Tiempo que sólo el hincha santafereño conoce.

En mi caso tuve que esperar 30 años para poder ver al equipo de mi alma campeón. Si, 30 años, y no me avergüenza, por el contrario. Me llena de orgullo.

Esperaría 37 más, 60 años, una eternidad si fuera necesario. Con la misma pasión, el mismo amor, y el mismo aguante domingo a domingo alentando.

Los santafereños estamos viviendo y marcando la mayor alegría deportiva de la década, de nuestras vidas, del siglo. Tantos nombres impresos en esas legendarias camisetas rojas con mangas blancas, impresos en nuestros corazones. No podría nombrar sólo un puñado de jugadores que han marcado experiencias inolvidables a lo largo de estos años, me quedaría corta haciéndolo. Nombres de héroes que han pasado por esta gloriosa institución dejándolo todo por la camiseta, por el equipo que nos robó el corazón.

He tenido la gran oportunidad de conocer a Santa Fe desde diferentes perspectivas. Fui porrista, y tengo que decirles que lo que yo sentía al salir de ese túnel corriendo, con la bandera en brazos, vistiendo un hermoso y diminuto uniforme, para alentar a Santa Fe desde el césped del Campín en un clásico, es una de las experiencias que jamás voy a olvidar en mi vida.

Asistí algunas temporadas a la popular, a la mítica Lateral Sur. Estuve colgada a “los trapos” junto a varios extraordinarios hinchas, creadores de La Guardia Albiroja Sur. Esa misma que ha sido señalada y algunas veces discriminada por ser una “barra brava”. Allí conocí gente valiosa, inolvidable. En esa barra puede coexistir fácilmente una persona sumamente adinerada con otra de muy escasos recursos económicos sin ningún problema y sin diferencia alguna. Lo que yo sentí y viví en esa tribuna, es una cosa de otro mundo, algo que agradezco haber vivido y presenciado.

Tuve la valiosa oportunidad de pertenecer a la institución durante unos años, de ser parte de ella, de trabajar allí, de conocer cada aspecto tanto administrativo como deportivo, de tener una cercanía invaluable al plantel, a técnicos, a jugadores. Muchos de ellos se convirtieron en grandes amigos de la vida. Conocí al hincha desde otra perspectiva, al jugador desde otro punto de vista, al presidente, al técnico como persona, como papá, como ser humano. Llegué a conocer y compartir con hinchas famosos como Daniel Samper Ospina, Jorge Alfredo Vargas entre otros. Compartir palco con personajes como ‘Pacho’ Santos o Yamid Amad.

Haber tenido la oportunidad de conocer a Santa Fe desde tan diferentes panoramas, no tiene precio. Me siento afortunada.

Estuve en Buenos Aires el año pasado cuando Vélez nos arrebató la clasificación a la semifinal de la Sudamericana faltando un minuto. Ahora no soy más que una hincha como cualquier otro en el extranjero, como todos los que estamos alrededor del mundo. Hace pocos días circulaba una foto en las redes sociales de un soldado  colombiano en Afganistán, santafereño, con camiseta en mano. Qué lindo sería poder conocer su historia. Qué lindo sería poder conocer la historia de todos y cada uno de los santafereños del mundo.

No puedo evitar recordar a mi abuelo en este momento, quien murió hace 16 años. Lo recuerdo como si fuera ayer con su radio en la oreja y cigarrillo en mano, sufriendo y rabiando. Como todos nosotros lo hemos hecho. Gracias a él llevo los colores rojo y  blanco impresos en el alma. En el Campín conocí amigos, personas increíbles, incluso amores. Uno de ellos, el padre de mi hija. Ella ha ido al estadio desde que estaba en mi panza, la primera vez que la llevé era apenas un bebé, salió varias veces a la cancha con el equipo y ahora con siete años, es mi herencia santafereña.

Santa Fe es el primer amor, es ése que siguió ahí cuando te rompieron el corazón, cuando te echaron del trabajo, cuando murió un familiar cercano. Ese que estuvo siempre, sin importar qué.

¿Quién no dedicó año tras año, cumpleaños tras cumpleaños al soplar las velitas el deseo de verlo campeón? ¿Quién no se comió una o varias uvas a media noche cada fin de año, repitiendo el mismo deseo?

Muchos hemos alimentado la ilusión tras comenzar cada pretemporada, comprando boletas, comprando abonos, coleccionando colillas viejas, viajando detrás de él, abrazando extraños gritando '!Gol!'.

Nos hemos repetido temporada tras temporada “Este semestre ¡sí es!”

Hemos ido a partidos, y hemos pagado boletas y seguimos alentando aún cuando estuvimos completamente eliminados.

Estuvimos al borde de un infarto cuando hacía gol en el último minuto, siempre fiel a su estilo Santa Fe, siempre sufrido, nunca fácil.

Muchos fuimos blanco de burlas en la oficina, en la universidad, en el colegio, soportando hinchas de otros equipos que viven de los títulos o hinchas de moda.

Dijimos no a un asado, a una reunión familiar un domingo por irnos para el estadio.

Inventamos cualquier excusa para salir corriendo temprano del trabajo para poder llegar cuando jugaba entre semana por la noche, así fuera en corbata, en tacones.

Comimos lechona y palito de queso viendo al león, gritamos al final del himno de Bogotá: ¡Santa Fe, Santa Fe, santa Fe!

A pesar de haber vivido todo lo que viví junto a Santa Fe, por esas cosas de la vida la final que conseguimos con tanto esfuerzo y paso a paso, tuve que vivirla lejos. En suelo argentino, con una transmisión de pésima calidad por Internet. Emociones mezcladas, alegría extrema por cumplir el sueño, tristeza por estar lejos. Junto a mi hija, sufrimos, alentamos y lloramos. Habría dado todo por estar en mi amada Bogotá. Habría que ver la fiesta en el Campín, la impresionante celebración en el parque Simón Bolivar, miles y miles de hinchas reunidos todos en un mismo lugar, todos por el mismo sentimiento.

Yo se que tu, hincha de corazón que estas leyendo estas letras también lloraste como un bebé el pasado domingo 15 de julio del 2012 cuando el árbitro dio el pitazo final, así como tantas otras veces por nuestro querido león.

Paso a paso, con la humildad que nos caracteriza, de la mano de un técnico por el cual muchos pidieron y exigieron su cabeza mil veces, un gran técnico y un gran equipo, 37 años después, por fin el sueño de todos nosotros los santafereños se hizo realidad.

Cierro este escrito con dos frases que siempre me han fascinado.

"Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada qué ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol"  Eduardo Sacheri.

"Decir que pagaron para ver a 22 mercenarios dar patadas a un balón es como decir que un violín es sólo madera y tripa, y Hamlet sólo papel y tinta." John Boynton Priestley.

Porque sólo un hincha entiende ésta pasión, porque sólo un santafereño entiende este sentimiento.

¡SANTA FE CAMPEÓN!

Sandra Gaitán Jiménez.
Twitter: @sandrigaitan

Las Opiniones expresadas en este espacio, son responsabilidad exclusiva de sus autores y no comprometen la opinión editorial de Independientesantafe.com


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